Ando enfocado y la feria está llegando
Los envidiosos, por mí, que sigan hablando
No ha sido fácil, si supieran de donde empecé
Se escucha un dicho, que se sufre para merecer.
Jaziel Avilez.
"Ando enfocado", ando, en-focado. Una alusión directa al consumo de cristal. Cris-tina, hielo, ice, riri, grillo, crico, cricrí: múltiples nombres para una sola sustancia, la metanfetamina. Esta proliferación de apelativos no es trivial: cada uno testimonia un intento por inscribir “algo” en el lenguaje. La jerga permite decir sin decir, la fonética posibilita un argot en cada nicho. Cris en México, Tina en país vecino al norte.
La metanfetamina nació en 1893, cuando Nagai Nagayoshi la sintetizó a partir de efedrina.
En 1919, Akira Ogata logró cristalizarla, y desde entonces el cristal quedó unido a la historia de la guerra: Philopon para kamikazes, Pervitin para soldados alemanes, miligramos para Hitler inyectados por su médico de cabecera.
Una droga de lucidez cortante: elimina sueño, hambre, cansancio; produce sensación de vigor y claridad mental. Unartificio químico puesto al servicio de la muerte.
Hoy la “meta” mexicana, harinosa o en pequeños vidrios, proviene de cocinas clandestinas improvisadas a cielo abierto, con precursores más o menos legales es fabricada por manos que no han visto un laboratorio. Se fuma en bombillas adaptadas, se esnifa en baños, se come, se inyecta, se absorbe. Es barata y dura muchas horas: por eso la llaman la cocaína de los pobres.
Los usos cotidianos hablan del país: guardias médicas de 36 horas, jornadas dobles en fábrica, ir y venir de la frontera en un día, estudiar largo tiempo para un examen, trabajar en una empresa trasnacional con un jefe en otro uso horario. El sistema insaciable, el jefe insaciable, el adicto insaciable: tres vectores, una voracidad.
Un gramo hace efecto en un primerizo por uno o dos días; un consumidor tolerante difícilmente pasa de tres gramos al día. Días sin comer, semanas durmiendo poquísimo, decisiones que modifican destinos —una renuncia, un embarazo, un accidente, una apuesta, una muerte.
Los síntomas llenan expedientes: cefalea, taquicardia, vértigo, vacío, insomnio, despersonalización, alucinaciones, ansiedad, ideas de referencia.
La nota colecta estos síntomas y se espera que el próximo profesional las lea, para cumplir con el ideal multidisciplinario, para registrar algo que casi nunca llega a un diagnóstico preciso si no que es englobado como: “No especificado.”
Ahí —justo ahí— aparece el trabajo analítico: en ese resto que no encaja en la psicología, en ese cascajo, esa basura, eseresto.
Durante trece años trabajé en instituciones públicas atendiendo adicciones y riesgo suicida. Para el almuerzo yo había estado en consulta con personas que tarde o temprano enfermarían gravemente como efecto de alguna sustancia, o se intentarían matar luego de usar alguna sustancia.
Siete de cada diez pacientes tienen comorbilidad psiquiátrica. La mayoría carga más de un diagnóstico, más una historia de abuso sexual, más una red de apoyo casi inexistente.
La terapia cognitivo-conductual es un tratamiento con evidencia sólida (A1) para los trastornos por consumo de sustancias, con un incremento promedio de éxito que oscila entre el 4% y el 20% cuando se compara con otros tratamientos eficaces, y que puedeelevarse hasta un 25–30% cuando se compara con no recibir tratamiento, especialmente en sustancias legales como alcohol y tabaco. Sin embargo, su eficacia disminuye notablemente en estimulantes de alta potencia: para cocaína los efectos son modestos, y para metanfetamina apenas se cuenta con los primeros modelos formales de atención basados en TCC y terapias conductuales intensivas. Afinar esos modelos, comprender su verdadero alcance y generar evidencia robusta probablemente tomará todavía varias décadas. Diez años nos bastaron para enterarnos de que el consumo de Cris aumentó 400%.
La psicología científica es un enorme y espléndido animal cuya grandeza le permite andar a su ritmo, por otro lado, la vida de las personas ocurre como en los animales pequeñitos y alberga su encanto en su fugacidad. Así, la ciencia no le puede seguir el paso a la vida diaria.
Esto revela la ilusión de que el oficio clínico puede operar como manufactura: técnica, protocolo, caso tras caso. Mirar a los pacientes en la sala de espera y hacer un examen mental casi completo antes de llamarles. Pero ese “acierto” es un acierto triste:
al siguiente tintinear se rompe. Trabajar desde ese modelo puede ser como un rinoceronte en una cristalería.
La cristalería puede venir hecha en serie, o tratarse de piezas únicas como ocurre con el cristal de Bohemia. Piezas opalinas cuyo corte exacto enfatiza su singularidad.
Hacer con el cristal mediante la fabricación en serie, caso tras caso. Sumarse a una practica que se transmite de generación en generación, caso por caso.
La segunda opción lleva a que los síntomas de los analizantes resuenen distinto: Cinco meses sin regla, ver la vida amar y ya, c/Edipo/der, sentir el pecho abierto, algo extraño en la garganta, olor a sufre, dolor de-lo-oído, cala/hambres, mirada/perdida, yo tan poco quiero.
Desde el psicoanálisis, el síntoma no se observa desde la clasificación diagnóstica, se lee desde el Otro.
Los artistas lo saben: el síntoma tiene forma, tiene ritmo, tiene timbre. Cada analizante corta y es cortado por el cristal de distinta forma. Hay algo del amor, del deseo, de la singularidad allí.
Vayamos con Jaziel, línea por línea, en este caso.
“Ando enfocado y la feria está llegando.”
Ando enfocado, .
México es el país que más trabaja en la OCDE y uno de los que menos gana.
La “feria” nunca llega para quien anda enfocado: llega para quien vende el cristal cortado.
“Los envidiosos…”
La frase abre la puerta a la estructura delirante:
el otro que mira, que desea lo mío, que me quiere quitar la pareja, la herencia, el negocio, la vida.
Oír es creer: si suena, es porque alguien lo mueve.
Y si alguien lo niega, es porque quiere hacerme pensar que estoy loco.
Lo que se llama “realidad” se desfonda; el mensajero es desacreditado o eliminado.
El héroe imaginario dice:
“No ha sido fácil; si supieran de dónde empecé.”
Y se coloca como el que porta LA verdad, la que no se discute.
VII. Bohemia: el corte que revela
Las ventanas pueden ser iguales.
El cristal de Bohemia jamás.
El sonido, la transparencia, la forma del borde, el tintineo del pie de la copa: cada pieza es irrepetible.
Así también el sujeto.
No se pueden maquilar adictos.
No se pueden maquilar personalidades borderline, narcisismos, traumas, consumos.
Cada quien es una pieza única cuyo borde se revela en el corte del síntoma.
Las guías que prometen “salir del laberinto para mejorar la salud mundial” no hablan del sujeto.
Hablan del ideal higienista.
El análisis no opera ahí: el análisis opera con deseos, no con cruzadas sanitarias.
Salir del laberinto requiere un hilo —o un cambio de dimensión.
Ese hilo es el deseo, no la moral.
VIII. El borde que mira a otro borde
El corte hace el borde.
A veces se sufre para merecer; otras sin merecer; otras se merece sin sufrir.
Desde un borde puede verse otro.
Así como desde la Moravia donde nació Freud se alcanza la Bohemia famosa por su cristal.
Y como en cada destello del cristal cortado, se revela no la igualdad de las piezas, sino su singularidad:
la única forma posible de ese sujeto,
de ese corte,
de ese borde.